Acuerdate de soltar el vaso

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó:

– ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.
El psicólogo respondió: “El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo.
Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará.
El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve.”

Y continuó: “Las preocupaciones son como el vaso de agua.
Si piensas en ellas un rato, no pasa nada.
Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.”

Acuérdate de soltar el vaso ¡¡¡

QUEDA PROHIBIDO

Queda Prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos …

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños …

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen menos que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha …

Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita …

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti, este mundo no sería igual …

Pablo Neruda

 

Aprende a soñar

Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar …
decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas, decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución, decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio a resolver, decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos, aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar, descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de importar quién ganara o perdiera, ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien “Amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, “el amor es una filosofía de vida”.

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas …
aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para descansar…
ahora simplemente duermo para soñar.

 Walt Disney

El Miedo

Te presento a tu mayor, amigo o enemigo, tú eliges:  El miedo.

Sentir miedo es algo natural, normal, todos sentimos miedo. Sentimos miedo ante lo desconocido, ante la incertidumbre.

Y como no emprender, es algo nuevo, es una situación desconocida, llena de color pero a su vez de retos, en la que hay que tomar decisiones y asumir riesgos.

Cuando nos ponemos delante de situaciones nuevas, significa que tenemos que salir de nuestra zona de confort. Éste pequeño espacio en el que nos sentimos tan cómodos y que nos aporta tanta seguridad.

Pero si queremos llegar a alguna parte, conseguir alguna cosa debemos salir de nuestra zona de confort donde encontraremos territorios desconocidos e inexplorados y por lo tanto, sentiremos miedo.

¿QUE EXACTAMENTE ES EL MIEDO?

El miedo es una emoción básica provocada por el instinto de supervivencia, como herramienta para mantenernos alerta y protegernos o defendernos de una amenaza.

El miedo puede ser intuitivo o aprendido, consciente o inconsciente, real o irreal, individual o colectivo.

Lo primero que tenemos que entender es que, en líneas generales, el miedo NO tiene porque ser nuestro ENEMIGO, el miedo es algo completamente natural y normal, y que no debemos eliminar, lo que debemos es, DOMINARLO Y NO DEJAR QUE ÉL NOS DOMINE A NOSOTROS. 

Tenemos que tener en cuenta que si perdiéramos el miedo perderíamos una gran herramienta de supervivencia.

El miedo nos mantiene alerta de posibles peligros. 

¿Vamos a dejar de emprender porque sentimos miedo? ¿Vamos a dejar de luchar por aquello que deseamos porque el miedo nos paraliza? ¿Vamos a dejar de perseguir nuestro sueño porque el miedo nos domina?

¿Tú qué crees? ¿Qué vas a hacer? ¿Qué quieres hacer?

El plantador de dátiles

En un oasis escondido entre lejanos paisajes del desierto se encontraba el viejo Elihau de rodillas junto a unas palmeras datileras. Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis para que sus camellos abrevaran y vio a Eliahu sudando mientras parecía escarbar en la arena. -¿Qué tal, anciano? La paz sea contigo. -Y contigo -contestó Elialiu sin dejar su tarea. -¿Qué haces aquí, con este calor y esa pala en las manos? -Estoy sembrando —contestó el viejo. -¿Qué siembras aquí, Eliahu? -Dátiles -respondió Elialiu mientras señalaba el palmar a su alrededor. -¡Dátiles! -repitió el recién llegado. Y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez del mundo con comprensión-.

-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor. -No, debo terminar la siembra. Luego, si quieres, beberemos… -Dime, amigo. ¿Cuántos años tienes? -No sé… Sesenta, setenta, ochenta… No sé… Lo he olvidado. Pero eso, ¿qué importa? Mira, amigo. Las datileras tardan más de cincuenta años en crecer, y sólo cuando se convierten en palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no te estoy deseando el mal, y lo sabes. Ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente podrás llegar a cosechar algo de lo que hoy estás sembrando. Deja eso y ven conmigo. -Mira, Hakim. Yo he comido los dátiles que sembró otro, otro que tampoco soñó con comer esos dátiles. Yo siembro hoy para que otros puedan comer mañana los dátiles que estoy plantando… Y aunque sólo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

-Me has dado una gran lección, Eliahu. Déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me has dado -y, diciendo esto, Hakim puso en la mano del viejo una bolsa de cuero. -Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto, y sin embargo, fijate, todavía no he acabado de sembrar y ya he cosechado una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo. -Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy, y quizás es más importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas. -Y a veces pasa esto –siguió el anciano. Y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y, antes de terminar de sembrar coseché no sólo una, sino dos veces. -Ya basta, viejo. No sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que toda mi fortuna no sea suficiente para pagarte

Historia del leñador tenaz

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel. El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles.

-Te felicito, le dijo el capataz.

Sigue así.

Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano. A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.

-Debo estar cansado, pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol.

Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol. Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

El capataz le preguntó: -¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez ?

 -Afilar, no he tenido tiempo para afilar. He estado demasiado ocupado talando árboles.

 

Posiblemente el cuento del leñador sea la técnica o recurso metafórico que he utilizado con más frecuencia en mi vida profesional, y creo que es una de las herramientas que tiene más impacto cuando se trata de hacer ver que no sólo basta con intentarlo, hay que “intentarlo bien”. No basta con intentarlo, no es suficiente definir lo que quieres conseguir y empeñarse en ello ni siquiera con dedicación, esfuerzo y sistematicidad. Es necesario intentarlo bien, con las herramientas adecuadas y puestas a punto para cada acción o reto y comprobando de forma frecuente si realmente están funcionando, si nos están despejando el camino y acercando a nuestros objetivos.

Para calibrar nuestros instrumentos, para evaluar si lo que hacemos lo estamos haciendo de la mejor forma necesitamos información y de la buena, no basta con hipótesis, suposiciones y buenas intenciones. En orientación y coaching, “ayudar a afilar” es ayudar a obtener feedback.   Cuando buscas empleo, ¿cómo sueles afilar tu hacha?